martes, 21 de febrero de 2023

¿Hasta dónde? y ¿Por qué no?

¿Hasta dónde? y ¿Por qué no?

Estos días he leído excelentes y desgarradoras crónicas de mujeres que, como yo, están en medio de tratamientos de reproducción asistida. Me parece maravilloso que existan estas crónicas, sobre todo que existan en español y en las palabras de mujeres latinoamericanas como yo, atravesadas por realidades de este lado del mundo, incluso con todas las diferencias y los privilegios que cada una tiene en mayor o menor medida y según su contexto. Me parece maravilloso, digo, porque puedo sentirme recogida en sus palabras, porque siento que alguien más está sintiendo o ha sentido exactamente eso que yo siento, exactamente ese mismo tipo de tristeza, rabia, frustración ilusión, angustia, incertidumbre, etc. y, al ver que no soy la única, me alejo un poco de mi sensación de ser muy inadecuada, de estar mal o de haber fracasado en mi propia gestión emocional. Al mismo tiempo, me impresiona muchísimo saber que somos tantas las mujeres que atravesamos por estas dificultades, que gestionarlas es tan difícil y que el contexto laboral, familiar, político, económico, no nos está ayudando. A veces me cuestiono si esas lecturas me ayudan o me angustian más, pero esa pregunta no me la puedo responder, así que la dejo allí, dando vueltas en la cabeza como muchas otras.

Hace unos días, hablando con un amigo, me di cuenta que había dos preguntas que muchas personas de mi entorno me hacían casi en los términos: ¿hasta dónde o hasta cuándo vas a seguir? y ¿realmente es tan importante este proyecto de la maternidad como para continuar con esto?. No son preguntas menores, no en el contexto de haber pasado del simple proceso que parecía ser al comienzo al tratamiento complejo y con fallos en que estoy ahora. Al principio pensé que las preguntas me enojaban, pero creo que no es eso sino que me confrontan, me cuestionan y me ponen en un lugar muy extraño. Y no porque las preguntas sean difíciles de responder o tenga dudas, sino todo lo contrario, por la rapidez y lo obvio que me resultan las respuestas que doy. 


Desde que empecé el camino de convertirme en madre sin pareja por elección, he ido corriendo las barreras del "hasta dónde": al principio era imposible para mí pensar en la reproducción asistida, luego me parecía que no pasaría de la inseminación artificial, pero di el salto a la in vitro y pensaba que sería definitivo, pero ahora tengo un diagnóstico de fallos de implantación y abortos recurrentes que me pone de cara a un montón de pruebas diagnósticas para mí y para mis embriones, nuevas posibilidades a considerar, y por primera vez la opción de que no sea posible. Así que la respuesta a la pregunta ¿hasta dónde o hasta cuándo vas a seguir? es: "hasta que lo logre" al menos por ahora es esa, pero no sé si va a pasar, ni de qué modo ni en qué momento, por lo que cada vez corro más el límite de lo que voy a hacer para conseguirlo. 

Y sobre si ¿realmente es tan importante este proyecto de la maternidad como para continuar con esto? me pasa algo similar, la respuesta es casi la misma, pero más simple: ¿y por qué no? ¿por qué no lo sería? ¿por qué no podría serlo?. A veces siento que pertenecer a esta generación que no da por sentada la maternidad, que lucha por poderla decidir, que no la ve como único destino, ha hecho que sea difícil también ponerla como prioridad en un momento de la vida. Suena sospechoso, casi equivocado. Pero yo me cuestiono por qué, tras haber hecho lo que se supone debía hacer: estudiar una carrera, hacer dos maestrías y un doctorado (y hasta un posdoctorado), explorar diferentes trabajos que amé y que odié hasta encontrar uno que me gusta mucho y que es estable (está bien, no tengo casa, carro y finca propios pero puedo vivir sin cumplir todavía esos estándares, porque tengo un techo, me puedo movilizar por la ciudad y voy al campo cada vez que quiero hacerlo); por qué después de hacer todo lo que se supone que una mujer de mi generación y con los privilegios que tuve debería hacer, no podría elegir ahora que mi prioridad es ser madre. Es como si no fuera suficiente o si tuviera que seguir haciendo otras cosas, ascender en el trabajo, estudiar más, comprar la casa y el carro. Todo está en contra y todo es muy difícil, pero es mi momento de hacerlo y quiero luchar por el derecho a decidir que así es.


No es que esté feliz con la situación en la que me encuentro, por supuesto quisiera que fuera más sencillo, más tranquilo y más rápido (y más barato también). Pero no quiero darme por vencida ni salir de esta ruta todavía. Quiero continuar, tengo ilusión y creo que todavía hay algunas oportunidades de cumplir mi sueño, pero eso no significa que esté bien todo el tiempo y que no esté agotada, aterrada y triste también. A diario alterno la ilusión con la desilusión, la ternura con la rabia, la fuerza con la vulnerabilidad, la valentía con el miedo. Hablar sobre esto -por si se lo están preguntando a estas alturas de mi catarsis- es lo que más me ayuda, nunca sé cómo pedir ayuda y escucha, pero es lo que necesito, es el tipo de apoyo que me sirve, pero sin que implique el consejo de parar ya, porque no puede ser que la única opción sea esa. Si alguna vez te has preguntado cómo ayudarme a mí o a otra persona que está pasando por este proceso, mi consejo siempre será el mismo: de todas las formas posibles de apoyar, la más sencilla y útil es sentarse y escuchar, generalmente sin dar consejos, sin opinar, sin juzgar. Puedes acompañar la escucha de un helado, un abrazo, una caminata, un detalle para mantener la ilusión, un plan que contribuya al cuidado y al descanso, pero en principio, sólo siéntate y escucha, incluso hazlo antes de que te lo pida, porque es muy difícil hacerlo. Sé que las personas que me aprecian se preocupan por mí, yo también lo hago, créanme, también estoy muy asustada y quiero estar a salvo de los dolores y las decepciones, pero no va a ser posible en este proceso: la mayor alegría sólo es posible si sigo poniéndome en la línea de las posibilidades más tristes. Es paradójico pero es así. De eso hablan las crónicas que he leído recientemente, yo no escribo tan bonito como sus autoras, pero me siento identificada con sus palabras y estas son las que me salen a mí.









lunes, 9 de enero de 2023

Deseo de Navidad

Hoy guardé otra vez los adornos de Navidad, intactos. Ninguno fue usado para jugar, ninguno cayó al piso, este año ni siquiera sonaron las maracas con los villancicos. Probablemente ha sido la época navideña, de fin de año y de cumpleaños más extraña que he tenido, la más conflictiva, las más triste, la más confusa, la más solitaria también. Y no puedo culpar a nadie por nada de esto, aunque quisiera, desde lo profundo de la rabia y el miedo que acompañan.


Puse cada adorno de juguete en el arbolito un día antes de mi segunda transferencia embrionaria, porque quería que todo estuviera listo para aquellos días de espera; puse también una estrella por cada embrioncito que no se ha quedado conmigo y una grande en la punta -la Estrella de Belén- para indicarle el camino a los que quedan. Conseguí animalitos y casitas pintorescas para agrandar el pesebre, quería que fuera más tierno y más "típico", puse más paja en la cunita del Niño Dios para que fuera más acogedora y le pedí algo especial al Ángel de la Anunciación. En la Noche de Velitas estaba cuidándome en reposo, así que sólo encendí una velita en mi habitación, pero la encendí con mucha fe y con ilusión.



Esta no era la Navidad que había imaginado hace un año. Tampoco la que pensé en marzo cuando las cuentas me daban un bebé recién nacido para la Nochebuena. Ni en julio cuando imaginaba una gran panza destapando regalos. Incluso en el comienzo de este diciembre cuando pensaba que iba a dar anuncios felices en la cena. En cada ciclo, antes de ser fallido, yo había soñado también con estas fechas. Llevo 10 años pidiendo el mismo deseo a la Estrella de Belén y al Niño Dios. Las medias tejidas por la abuelita para el árbol han tomado un nuevo significado, ahora me parecen más pequeñas medias de bebé, como las que cuelgan las chicas españolas de los grupos de infertilidad para desearle buena suerte a las que siguen en la búsqueda.


Esta no era la Navidad que había imaginado, no hay bebé en el vientre ni en los brazos, hay otro hijo en el cielo y 4 embriones esperando un futuro incierto desde su propio Polo Norte. Todo parece confuso e incierto, todo se tornó más difícil de lo que había imaginado alguna vez, de repente estoy de cara a posibilidades que me parecía que sólo le pasaban a otras mujeres, que nunca llegaría hasta allí. Definitivamente este no era el fin de año 2022 y el inicio de 2023 que quería pero es lo que tengo y me aferro con fuerza a la esperanza, a la cauta ilusión propia y de la familia y las amistades que pasito susurran "ojalá pronto".

Tal vez en mi caso sea una fortuna (y por primera vez lo veo así) que la Navidad esté tan cerca del inicio del nuevo año y de mi cumpleaños, porque puedo juntar todos los deseos y propósitos. Una claridad me llegó en estos días en alguna de las cuentas que sigo: tener un bebé no puede ser un propósito de año nuevo, es un sueño, es un deseo, pero no un propósito porque no está completamente en nuestras manos lograrlo. Todavía quiero pensar que si no es la Navidad que había imaginado es porque vendrán unas mejores, para eso son los deseos de Navidad, para eso comemos las doce uvas el 31 de diciembre a media noche, para eso deseamos algo especial al soplar las velas de cumpleaños. Por primera vez no estoy segura de que vaya a lograrlo, pero me conforta que siga siendo un sueño dulce, un deseo bonito. Ojalá haya navidades más dulces en el futuro, con juguetes en el piso, maracas en los villancicos y regalos tiernos.

sábado, 15 de octubre de 2022

Ritualitos no tan dulces

Cada día se hace lo que se puede con lo que se siente, que a veces es mucho y a veces cambia.Porque no vamos por la vida con una maleta sellada de emociones que no salen nunca, que no se mueven, que no se ven. Lo que pasa es que tenemos que moderarlas porque de otra forma no podríamos funcionar en el día a día. Pero lo que sentimos está ahí, hondo y bien implantado (qué paradoja que yo escoja ese adjetivo).

Y para hacerle frente y darle sentido a esas emociones y a los misterios de la vida, nos inventamos los rituales: agarramos lo que traemos heredado culturalmente materializado en unos símbolos y lo resignificamos, lo acomodamos en un tiempo y un lugar. Ahora además le tomamos fotos y lo compartimos.

Mi altar cambia constantemente y no es solamente un altar dedicado a mi maternidad, aunque se nutre mucho de ello. Pero jamás lo he concebido como un lugar concluido y estático. Pongo objetos, los quito, los muevo según lo que voy sintiendo. Pero siempre hay una vela que enciendo en memoria de esas almitas pequeñas que encarnaron en mi vientre por unas semanas.


Hoy es 15 de octubre, día de la concientización sobre la muerte gestacional y perinatal. Como lo he hecho durante los últimos 5 años, yo también me uni a la ola de luz y encendí la velita en homenaje a lxs hijxs que se fueron demasiado pronto. A mis almitas pequeñas que me han hecho mamá y que renuevan mi fortaleza cada vez que su recuerdo se vuelve doloroso. Porque sí, es doloroso, no todo el tiempo, pero lo es y mucho. Y también renuevan mi amor y mi ternura cuando su recuerdo es dulce, aunque hoy especialmente me pareció que este tipo de fechas se nos pueden convertir, por la vía del positivismo tóxico y la onda de las redes, en mensajes edulcorados vacíos de sentido. Yo me resisto a ello, me resisto a dotar la experiencia traumática de perder un embarazo o un bebé recién nacido en un "regalo de la vida", "un don precioso", "una oportunidad para ser las madres más fuertes". No, estas experiencias duelen y duelen mucho, no son regalos ni dones ni bendiciones, aunque de ellas aprendamos mucho y salgamos más fuertes. No somos mejores madres ni más "poderosas" por no tener a nuestrxs hijxs con nosotras. Somos madres diferentes y punto, que muy seguramente haremos las cosas diferentes (ojalá mejor) después de pasar por esto, pero no es algo por lo que yo agradecería nunca. 

Agradezco la brevísima existencia de Lucerito y Cielito en mi vida y agradezco que me hicieron madre, pero no puedo agradecer por su partida, por más transformadora que sea, porque no la desearía ni la repetiría nunca. Y quisiera que pensáramos en esos mensajes que compartimos en estas redes. Podemos enaltecer el amor que nos dejan, podemos agradecer su venida a nuestras vidas, podemos atesorar sus enseñanzas, pero entre tanto hay miles de mujeres sufriendo desgarradoramente porque acaban de pasar por esa pérdida y nuestro "dulce" mensaje no necesariamente les conforta. Tal vez el otro año yo misma tenga otra idea al respecto, hoy me salió esta.

Justo después de tomar la foto vi dónde había quedado el reflejo de la llama en el cuadro del fondo... Creo que no es por azar.



lunes, 5 de septiembre de 2022

Continuar el viaje

En los últimos días, varias personas me han preguntado si voy a continuar el tratamiento de reproducción asistida que estoy haciendo para conseguir mi embarazo. La pregunta me parece muy lógica y yo también me lo he preguntado, muchas veces. No resulta, a simple vista, muy fácil de comprender que quiera someterme de nuevo a la medicación, la angustia de la espera por noticias, el riesgo de pasar por otro aborto. Como también es una pregunta que me he hecho a mí misma, hice una lista de las cosas que preferiría no tener que experimentar de nuevo y las que sí quisiera volver a vivir. Luego las puse en una balanza imaginaria para saber qué era más contundente. Y elegí.


Este breve y extraño embarazo de la primera transferencia me trajo como regalo la ternura y la felicidad de saber que era posible. Yo había experimentado esta efímera posibilidad de ser madre cuando gesté a Lucerito, pero esta vez había un reto mayor y todo el tratamiento de la Fertilización In Vitro hace que el embarazo parezca una especie de milagro científico (sí, así de paradójico es esto).

Después de estas semanas he intentado aferrarme a los recuerdos de los días luminosos, antes de la pesadilla que le siguió a esa ecografía sin buenas noticias, sin saco, sin latido, a la angustia de la beta que avanzaba lento, al trauma del legrado de emergencia.

Y agarrándome con todas mis fuerzas de ese sentimiento nostálgico y dulce, he pensado en que no me perdería la posibilidad de experimentar de nuevo el amor y la fascinación que me producía cada imagen, cada procedimiento, cada evidencia de un pequeño cambio en mi cuerpo. Esperar por buenas noticias y orar cada día para que todo estuviera bien, sin poder adelantarme ni adivinar nada, fue una lección durísima de fe y paciencia, pero valió cada minuto por tener unos días de dicha e ilusión.

Descubrir la ternura y la emoción de quienes me rodean me abrigó el alma y me ayudó a sacar fuerzas para continuar creyendo. Ver lágrimas de alegría y sentir el amor de quienes abrazaban y saludaban el tímido vientre que se asomaba era un regalo diario. Fue una noticia feliz para muchas personas y yo me sentía portadora de una gran alegría en momentos inciertos y difíciles. No renunciaría tampoco a ese privilegio a pesar de haberme convertido luego en una fuente de malas noticias, de angustias y de temores.

Yo, que llevo casi diez años transitando esta búsqueda, he tenido tiempo de pensar en nombres, comprar cosas para mi bebé (pueden leer mi entrada anterior "Los objetos tiernos de la dificultad") y hacer planes para el futuro. Pero para la mayoría de mi entorno esto sólo fue posible ahora, que se sintió tan real y tan cercano el milagro de esa vida. Empezaron a tejer mantas y saquitos, compraron "mamelucos", aportaron ideas de nombres, se ofrecieron para hacer un baby shower y consintieron a esta mamá. Si estuviste entre estas personas, por favor no te sientas mal, habrá más oportunidades para hacerlo y me trajiste mucho amor y mucha dicha en su momento, no tengo palabras para agradecerte por eso, sólo quiero pedirte que no te arrepientas porque yo no lo he hecho.


Hay 5 embrioncitos congelados en el laboratorio, esperando por una oportunidad de ser acogidos en un vientre que, no sabemos por qué, ha sido esquivo para las dos pequeñas almas que allí han encarnado antes. Todo el enorme esfuerzo que ha hecho posible la existencia de esos pequeños embriones será honrado con una posibilidad siempre que mi cuerpo y mi salud lo permitan. El dinero se resolverá de alguna forma, el duelo se vivirá las veces que sea necesario (aunque espero que nunca más pase por ello), las dudas y los miedos se aceptarán con amor en cada oportunidad.

A pesar del dolor que ha supuesto recibir malas noticias y tomar las decisiones difíciles que han conducido a dar por terminada la posibilidad de este primer embrioncito, yo elijo la esperanza de volver a sentir las sensaciones y emociones que experimente durante algunas semanas, ojalá por un tiempo mucho más largo y sin este dolor. No me quiero privar de ello por el miedo de volver a pasar por el dolor y el miedo. Quiero volver a experimentar toda esta dicha que mi Cielito lindo ha traído. Este viaje que continúa, les doy la bienvenida.

lunes, 29 de agosto de 2022

Era 29

Las personas hacemos asociaciones muy raras con las fechas y los eventos de nuestras vidas. Es caprichoso lo que elegimos recordar asociado a un día y un mes. También lo que olvidamos. Hoy tuve todo día la sensación de que algo pasaba, que era una fecha "particular". Pero pasaban tantas cosas que no sabía qué era eso que sentía un poco diferente.

Volví al trabajo, ¿sería entonces la sensación de recorrer los pasos de la última vez que estuve allí, en la oficina, con lo traumático de ese día que terminé en la clínica? ¿Reencontrar a las personas que vi aquel día y a las que no supe cómo pedirles ayuda? ¿O contar hoy lo que pasó y hablar de ello? Tantos días intentando llorar para desahogarme y de repente hoy brotaron las lágrimas con una facilidad que me dejó asombrada.

Pero seguía sin entender lo que pasaba más allá de las sensaciones inmediatas. Hasta que revise el calendario al final de la tarde, recorriendo hacia atrás las semanas por una intuición pequeñita. Entonces encontré el 29 de julio... Y luego el 29 de junio. 

El 29 de junio este embrión pequeñito, que llevaban 5 días creciendo en el laboratorio,  fue puesto en mi útero con tanto cuidado, amor y esperanza, que todavía recuerdo vivamente las palabras y las sensaciones de estar día. La ternura circundante, la ilusión que me desbordaba, los gestos de la doctora, de la embrióloga, de las enfermeras. A mí me parecía perfecto y precioso. Mi doctora decidió que tenía pinta rockera. Le pusimos "morita rockera" y así se llamó durante varias semanas. 


El 29 de julio, un mes después, decidí que estaba lista para dejarlo partir. Tenía un poco más de 6 semanas de gestación, pero el día anterior no habíamos encontrado saco gestacional ni embrión en la ecografía, la prueba de embarazo daba todavía un valor inferior al esperado y tampoco aumentaba como debía. No era un embarazo viable y llegaba a su fin este segundo viaje por el "planeta embarazo". Inicialmente sólo era cuestión de suspender la progesterona que lo sostenía hasta entonces y ese sería el fin (con el tiempo la historia fue otra). Pero ese mismo 28 de julio no fui capaz de suspender la progesterona, en parte porque quería sentir la ilusión una noche más, pero también porque era justamente el tercer aniversario de la pérdida gestacional anterior, el día que partió mi Lucerito en 2018. Y no podía con ambos eventos, así que postergué todo hasta el día siguiente. Al despertar el 29, me despedí de mi incipiente pancita y le puse un nombre a ese ser pequeñito que albergaba: Cielito.


Este fue mi 29 de agosto, que termino compartiendo en este texto un poquito de la historia que estos dos meses ha sido mi camino, mi lección, mi prueba. No me duele menos ahora, pero hay un poquito más de sentido en medio de todo esto.

sábado, 13 de agosto de 2022

¿Y si entonces escribo?

Hace un par de días dije (y me dije) que no podía escribir en este blog porque la rabia no me dejaba. Hoy divagué todo el día por la ciudad, hasta sentarme en la cama del apartamento de mi tía, aprovechando su ausencia, y devoré dos libros sobre maternidad e infertilidad¹. Salí de allí pensando en tantas ideas atropelladas al tiempo, se veían poderosas y poéticas en mi mente y lamenté no poder escribirlas en el momento, pero iba por la calle. Caminar me ayudaba a tener más ideas y, al mismo tiempo, me hacía incapaz de detenerme a escribirlas o al menos a grabarlas. Iba pensando en si yo sería capaz algún día de escribir uno de esos libros en primera persona, como los que acababa de leer; pero de inmediato pensé en la tesis, fue como una reacción inmediata de mi mente, me dije a mí misma que con ella había muerto mi capacidad de escribir un texto de largo aliento y mi valentía para someterlo al escrutinio de otros lectores. Regresé a mis pensamientos y entonces me pareció suficiente seguir escribiendo en este blog, así sea de a pocos.

Hace tiempo no caminaba sola de noche. Vengo de semanas de cuidado extremo y reposo en casa, primero para la inseminación artificial, luego para preparar la in vitro, luego para cuidar el primer embrión transferido, con aquella sutil esperanza que fue creciendo día tras día a pesar del escepticismo que me decía a mí misma que debería tener. Luego, cuando supe que no lo había conseguido, me encerré para transitar un aborto suspendido. Cuando quise salir a la luz de nuevo, sólo había rabia afuera y adentro. Desde entonces he cazado peleas en la calle, con desconocidos, y he contenido otras discusiones más cercanas con familia y colegas, porque de aquellas sí podrían surgir consecuencias lamentables. Para evitar los riesgos de esta ciudad en que vivo había evitado la oscuridad de la noche, sabía que podría ponerme en peligro si seguía comprando polémicas con otras personas en la calle.  Todavía no he podido entender de dónde sale toda esta rabia, se supone que estaría triste y lloraría desconsolada, no que buscaría broncas en la calle, la casa y el trabajo. Pero el duelo es un monstruo bien extraño.

Los libros que leí hoy terminaban con lo que podría decirse un "final feliz": en uno directamente se reflexionaba sobre el parto vivido y en el otro se culminaba "en punta" con la prueba de embarazo positiva. El suspenso de estos finales me resultaba extraño, ajeno. Tal vez porque en estos días todavía tengo momentos en los que me suspenso en una especie de universo paralelo en el cual mi embrión se queda aferrado a mi endometrio y el embarazo continúa, viable y feliz. Las pesadillas de la ecografía sin saco gestacional visible, de la beta baja y del aborto detenido por varios días, no han tenido lugar y el vientre siguió creciendo, yo seguí hablando con mi pequeño embrión y toda la gente que estaba feliz y entusiasmada sigue así. Mi madre siguió teniendo el saco verde y yo no he tenido que sostener conversaciones difíciles, sangrar con dolor indecible ni tomar decisiones. Pero siempre, irremediablemente, hay una imagen que me trae de vuelta a la realidad: a veces es un niño o un bebé, a veces un ave pasa volando, a veces simplemente es la lluvia; y me doy cuenta de golpe que está pasando, que ocurrió de nuevo y que puede volver a pasar. 

Tal vez –pensaba hoy mientras leía– un efecto positivo de estos libros sea ese extraño consuelo que produce saber que no eres la única mujer que se ha tenido que plantear los miedos, los dolores y las dificultades de estos caminos empedrados de la maternidad esquiva. Siempre me parece muy cruel hallar alivio en saber que otra mujer también haya tenido dos abortos y luego pueda contar su parto ¿Qué clase de consuelo es ese tan macabro?. Cuando leo en las redes sociales la historia de alguna mujer que ha pasado por 4 rondas de in vitro y 7 pérdidas gestacionales siento que apenas si tengo algo de que "quejarme". Luego soy yo misma la que está tratando de explicar lo difícil que es cada uno de los pasos que he dado y por qué mi duelo debe ser respetado. Descubrir los temores compartidos con estas dos escritoras, en tres lugares diferentes de Latinoamérica, resultó alentador, extrañamente reconfortante. Quizás porque me he convencido, por primera vez en la vida y con ayuda de mis amigas y amigos, del valor que he tenido al tomar este camino; pero cuando el miedo ha llegado me he esforzado por anularlo rápidamente y de repente ya no puedo hacerlo. No habrá manera de seguir intentando hacer posible mi embarazo sin miedo, habrá que reconciliarse con él y conjugar la valentía recién descubierta con la aceptación de la incertidumbre y el terror de otra pérdida, o de varias, o de que jamás consiga lo que anhelo.

Finalmente, pensaba ya llegando a casa, qué era esto que iba a poder escribir más adelante sobre la decisión de caminar esta montaña sin tener una pareja a mi lado. Tal vez contaré del privilegio de redescubrir la amistad a través de lo que está búsqueda ha significado para las amigas (y algunos amigos también) más cercanas. Probablemente tenga entonces la posibilidad de ver los cambios que este proceso ha generado en mi familia, para bien y para mal. Pero el día a día de las implicaciones que tiene esta decisión y lo que significa hacerlo "sola" es algo que recién descubro en su complejidad. Hasta ahora la ausencia de una pareja sólo había supuesto una "dificultad" a sortear para concebir y algunas preguntas que tendría que responder más adelante. Pero desde que empecé los tratamientos de reproducción asistida han surgido reacciones paradójicas que oscilan entre el empoderamiento absoluto, la satisfacción de tener clara mi decisión, el alivio de no tener que conciliar los deseos de otra persona, y la tristeza de no recibir un abrazo reconfortante en la noche, la dificultad de elegir quién me acompaña a las citas, la imposibilidad de compartir los gastos, la soledad en el consultorio cuando recibo malas noticias. Nada de esto me ha hecho siquiera dudar de mi decisión, pero sí me ha confrontado descarnadamente. No tengo aún ni un asomo de arrepentimiento o de desear abandonar la lucha. Sigo convencida y la mayor parte del tiempo la ilusión y la esperanza triunfan sobre el miedo. Sin embargo, los aprendizajes me abruman y me gustaría poderlos procesar mejor, escribirlos, decirlos, ponerlos en palabras para hacerlos más comprensibles. Por ahora no siento que lo logre del todo, pero estas palabras de Isabel Zapata resumen de buena forma el tamaño de los aprendizajes:

Isabel Zapata (In vitro)

¹ Los libros que leí son: In vitro, de Isabel Zapata (Almadía, 2021) y Mientras espero, de Melisa Baró (Metrópolis, 2022)



lunes, 30 de mayo de 2022

A DESIRED MOTHERHOOD PROJECT NEEDS YOUR HELP



We are a group of Olga Marcela Cruz’s friends -our dear Olguita-, who several years ago started a beautiful, rebellious, and tumultuous path: against all odds and expectations she decided to become a single mother by choice. She’s convinced of her decision and of the family model she’s chosen to form, although from the beginning she knows that this is not an easy path.

Those of us who know her, know firsthand that her project can become a tireless struggle. After years of unsuccessfully trying to get pregnant and having gone through a miscarriage, Olguita decided to start an assisted reproduction treatment. In Colombia this type of procedure is not included in the general healthcare system or health insurance services, so for her there is no other way than a private clinic. She chose the Profamilia Fertility Clinic, an entity with a great trajectory in this field, but also recognized in the country for defending and promoting access to sexual and reproductive rights; there she found excellent professionals who have guided and accompanied her throughout the process without judgment or hesitation.

With great physical, emotional, and economic effort, Olguita began the treatment this year. In its first phase she underwent an artificial insemination procedure which was not successful because with low complexity treatments like that, the chances of success are very limited. The next step is the in-vitro fertilization (IVF) which is a slightly more complex procedure. The IVF has several stages: first, Olguita will take high doses of hormones to stimulate her egg production which in turn will be removed on a surgery-like procedure. Then the fertilization is performed in a laboratory and a few days later they will transfer the fertilized eggs to her uterus. Olguita will also need specialized medications to prepare her endometrium so she can sustain the pregnancy. After the procedure, she will need to be under strict medical control and get special care at home.

Although Olguita has a lot of support and a budget to cover the first part of the treatment, she still needs funds to cover all costs. Today we are inviting you to help and raise funds for specialized medications, additional tests, and other expenses, none of which are covered by her health insurance.

Here are the detailed costs:
- Specialized medications: COP $7'500.000
- Additional tests: COP $1'500.000
- Transportation and special care: COP $1'000.000
TOTAL: COP $10'000.000

Looks like a very large figure, but we all together can make it happen! Any donation, any contribution no matter the amount is more than welcome. You can make your donations at:

Bancolombia Savings Account No. 91200988839 in the name of Olga Marcela Cruz
Nequi o Daviplata (Colombia) 3134709095 (Cel number)

We will update through social media about the fundraising status!! Your help will be much appreciated!!

If you want to know more about this story, you can check out her social media and blog (in Spanish):
Instagram and Facebook: @lolatejedoramspe