jueves, 31 de enero de 2019

La tribu y la maternidad (parte I)


La tribu y la maternidad (parte I)


"Yo no puedo sola, puedo porque estás tú, porque estamos todas, porque vamos juntas. Me cansé de los libros de superación personal, del "sí se puede". No es cierto, no puedo sola, tampoco quiero sola. Necesito red, necesito vínculos, necesito amor, necesito fuerza, nos necesito. Necesito de los ojos de mi amiga, para sentirme ligera, para sentirme una más, para sentirme parte. No quiero ser el centro, no me interesa ser el centro. Yo deseo hermandad, una danza circular, y propiciar un encuentro, de libertad, igualdad y sororidad."*

Hace días que le daba vueltas a esta entrada del blog. Quería hacer un texto que fuera hermoso, que le hiciera justicia a lo que siento y a lo que quiero expresarle a mi tribu, pero que también dejara en claro lo que pienso sobre este tema. Esta mañana, mientras revisaba las actualizaciones en los muros de quienes sigo en Facebook, me encontré con el texto que he puesto al comienzo de esta entrada.

Lo compartió una mujer a quien quiero y admiro, una antigua compañera de trabajo, interesada como yo en la maternidad y en sus posibilidades. De inmediato tuve ganas de retomar el contacto con ella  porque hace mucho tiempo que no hablamos -vive en otro país ahora- y pensé que nos debíamos muchas palabras sobre nuestros caminos. Me angustió terriblemente pensar si ella, como muchas otras mujeres que conozco, habría estado o estaba en este momento necesitando a su tribu, si me había encontrado a mí como parte de ella, si yo estaba siendo parte de la tribu de alguien.



Recordé la interpelación constante de mi amigo brujo (el único que tengo, al único que le creo): ¿Cómo estás tejiendo tu red? ¿Cuál es tu tribu? ¿Dónde y con quién la construyes?. Había pensado mucho en esa tribu estos días, tenía el tema insertado en la cabeza, en el corazón y en el vientre. Me preocupó no ser la tribu de otras mujeres, me asustó perder mi propia tribu.

Por eso quise escribir sobre este tema. Quería hacer un homenaje a la tribu que acompaña desde hace tiempo esta búsqueda de mi maternidad. Y de paso, hacer un llamado a las mujeres que se lo están pensando, para que no esperen a estar embarazadas o al posparto para buscar su tribu; nuestra especie es mamífera y necesitamos de la manada social: la tribu, la comunidad, los que nos rodean. Dicen por ahí que:


Pues les tengo noticias, no sólo en África se necesita, se necesita en todas partes; y no sólo para criarlo, se necesita para concebirlo, para gestarlo y para parirlo. Pareciera absurdo esto último que he dicho. ¿No se concibe un hijo entre dos? ¿O en una clínica? ¿No lo gesta la mamá? ¿No lo va a parir ella?. Pues no, o mejor dicho sí, pero no lo puede hacer sola. Usualmente necesita ayuda y compañía en muchos aspectos del proceso. Necesita la tribu, debería tenerla, desde que el hijo llega por primera vez a la mente y al corazón de esa madre debe tejer su nido y sostenerlo en la red que le proporciona su tribu. Yo he tenido la fortuna de tener esa tribu y agradezco a diario por eso.

Y es que cuando te piensas la maternidad en contravía de los estándares sociales (por ejemplo, ser madre soltera por elección), la tribu se debe configurar también bajo estándares diferentes. No necesariamente será tu familia porque generalmente hay resistencias allí en las primeras etapas y obviamente no tendrás pareja en este caso. En mi experiencia son los amigos y amigas quienes te acompañan, y tú decides entonces cuántos y quiénes están convocados en cada momento. Yo empecé contándole mis planes a dos o tres amigas, luego lo hablé con algunos otros amigos muy cercanos y de a poco lo fui comunicando cuando empecé la búsqueda en forma. Para el momento de mi primer embarazo, varios estaban esperando esa noticia, pero cuando ocurrió el aborto espontáneo más personas se enteraron por las circunstancias del evento. No me arrepiento nunca de haberlo hecho así, porque estoy segura de que sin esa tribu el proceso habría sido mucho más complicado y doloroso.


La tribu sirve para muchas cosas en un camino como este: por ejemplo, sirve para hablar durante horas del tema y decantar las ideas que van surgiendo, desde la primera vez que te planteas el asunto hasta que empiezas a "ir por él", sirve para sacar afuera los miedos y las frustraciones, sirve para reírse de todas las cosas que pueden ocurrir en el camino (créanme, buscar un donante puede tener infinitas situaciones incómodas, divertidas, memorables, aburridas, etc.).

Las personas de la tribu han tenido muchos roles en mi proceso de convertirme en mamá: algunas me ha enseñado a ser doula de mí misma y me ha transmitido el regalo del yoga, otros me ha alimentado para que el cuerpo se prepare, otros me han acompañado a los controles y exámenes médicos, otras han ayudado a buscar y seleccionar el donante, otros hacen ofrendas y oraciones para que todo salga bien.

La tribu también sirve para compartir ilusiones: algunos de los momentos más dulces que he tenido han sido cuando veo a mis amigas y amigos haciendo planes sobre mi hij@: cómo quieren que se llame, la primera foto que le tomarán, el libro que quieren leerle, el juego que quieren enseñarle, etc. Ese es un bosquecito de dulzura que extraño mucho después de pasar por el aborto espontáneo, porque es que también la tribu se duele y se asusta cuando las cosas no salen bien. Yo, por ejemplo, hecho de menos que me hablen de mi hij@ y que me compartan de nuevo sus ilusiones al respecto, pero puedo entender que tienen miedo de hacerme daño y que también les duele lo que pasó. Tener una tribu es entender a los otros y también es poder decirles lo que uno necesita, mi reto ahora es lograr que podamos volver a hablar de mi hij@, a soñar con mi maternidad, a ilusionarnos a pesar del dolor.

Experimentar una pérdida gestacional sí que requiere una tribu!!! Durante el aborto y después de él necesité la mía y allí estuvo: para salir en la madrugada a urgencias, para responderme llamadas de angustia a media noche, para sentarse a llorar conmigo en el piso del baño, para prepararme un caldo o una infusión, para orar, para recordarme que mi cuerpo sí sabía como hacer el proceso, para cobijarme, para apagar la luz, para sacarme de nuevo a la calle cuando estuve lista. Desde entonces pienso mucho en la cantidad de mujeres que no tienen esa tribu en momentos así, desearía para todas las madres eso.


Ahora mismo, mientras trato de reorganizar el camino, pienso en el montón de dificultades que podría tener a futuro y en lo mucho que necesitaré de mi tribu. Pienso también en cómo ser tribu para otras mujeres que me rodean, pienso en sus propias maternidades, pienso en lo que han buscado en mí y no han encontrado pero también en lo que he podido ofrecerles con amor y dulzura. Estos días he tratado de imaginarme -intentando no entrar en pánico- las innumerables situaciones en las que necesitaré de mi tribu cuando mi hij@ por fin llegue y es entonces cuando me siento realmente lista: no porque tenga todos los escenarios y las variables bajo control, sino porque tengo a mi tribu.

Creo que no hay una fórmula para conformar esta tribu, algunas optarán por tejerla en su familia, o con sus amigos y amigas, con su pareja, también hay comunidades de madres en Facebook, en WhatsApp, en foros de internet, grupos presenciales, etc. Lo que sí sé es que las mujeres necesitamos una tribu para convertirnos en madres, necesitamos ser maternadas para poder maternar.

*Como historiadora, me gustaría que internet nos permitiera ser un poco más juiciosos para citar a los autores de las frases y de las imágenes, pero a veces es imposible saber quién las hizo, especialmente en redes sociales como Facebook, Instagram o Pinterest. Me disculpo de antemano por eso.

P.D.: Este es el libro que quiero leer sobre este tema



miércoles, 16 de enero de 2019

Sobre maternidad y doctorado

Sobre maternidad y doctorado



Este blog ha estado en silencio por un tiempo. Las razones tienen que ver con el final de mi doctorado y los cambios vitales que esto ha traído. Durante más de dos meses, este texto que hoy les comparto ha estado en borrador, a la espera de que yo me anime a compartirlo y no había podido hacerlo porque el fantasma del cierre de ese proceso me perseguía día y noche. Pero las crisis tienen la cualidad de hacernos expulsar lo bueno y lo malo. Y el texto, finalmente salió de mis entrañas (casi literalmente).

¿Qué tiene que ver el final de mis estudios de doctorado con el tema de este blog? Pues bien, tiene todo que ver. A nivel muy íntimo, sospecho desde hace rato que terminé haciendo un doctorado, entre otras razones -pero siendo probablemente ésta la más fuerte- para huir o aplazar mi deseo profundo de convertirme en mamá (los detalles de esa sospecha se los cuento en otra entrada). El problema es que aplazar ese tipo de decisiones vitales, utilizando como pretexto empresas del tamaño de un doctorado, pues puede ser una pésima idea. Yo me di palo por eso durante mucho tiempo, porque pensaba que, si ese había sido el caso, entonces estaba cometiendo un error que me salía carísimo. Pero hace rato decidí no torturarme más... ya estaba en el huracán y lo mejor que podía hacer era salir de él victoriosa.



La cuestión es que las mujeres de estos tiempos estamos tan enredadas con el tema -mal pensado desde muchos lados del feminismo- de que no podemos ser mujeres profesionales, bien preparadas y de éxito, si "cedemos" ante la maternidad. Digo "cedemos", así entre comillas, porque creo que así nos hacen creer que es la cosa: que entregamos algo (nuestra vida, nuestros sueños, nuestra libertad) a cambio de nada. Y yo creo que ahí radica el problema. Porque el asunto es que optar por la maternidad no nos hace menos nada... tampoco es que nos ponga en un pedestal. Pero en la medida en que ser una mujer que cumple con sus metas y ser madre se vean como antagónicas, pues seguiremos sintiéndonos frustradas en una o en otra esquina.

Yo recuerdo que, recién entrada al doctorado, hablé un día con un maestro a quien quiero y respeto muchísimo y le conté que quería ser mamá. Me dijo que claro, que estaba "en todo mi derecho", pero que no se me fuera a ocurrir hacerlo mientras cursaba el doctorado, porque seguramente iba a terminar renunciando a lo que era renunciable, es decir, al doctorado. Esta sentencia me marcó y creo que se me convirtió en una causa. Durante todo el doctorado quise probarle a él, y a otras personas que así me lo plantearon (y no fueron pocas: hombres y mujeres, madres y no madres, maestros, compañeros y desconocidos) que estaban equivocados, que el doctorado y la maternidad no tenían por qué ser incompatibles, incluso si decidía ser madre soltera. Desafortunadamente, las circunstancias más personales me impidieron ser madre mientras cursaba estos estudios. Ahora, al término de ellos y mientras continúo en la búsqueda de mi maternidad, miro con cierta distancia y con nostalgia esta causa. Tal vez por eso me había costado tanto trabajo terminar este texto. Porque los duelos de las causas perdidas, que hay que recomponer y convertir en nuevas batallas, son lentos y bien complicados. 

Pero también veo desde este punto de mi presente otras cuestiones que me plantean más interrogantes que respuestas: haber pensado y buscado la maternidad durante todo el doctorado, haber conocido madres que entraron al doctorado teniendo hijos de todas las edades, compañeras que se hicieron madres durante los años de estudio, mujeres que han aplazado o renunciado a la maternidad por cuenta del doctorado, haber tenido muchas conversaciones al respecto con personas dentro y fuera de la academia, me ha mostrado que estamos lejos de poder acertar en la conciliación de una cosa con la otra. Yo pude ver muy de cerca las dificultades que enfrentaron mis colegas para cumplir las exigencias de los programas doctorales sin sentir que estaban siendo malas madres.



Mientras que la academia no se piense como un espacio humanista, en el sentido amplio y realista del término, haciendo honor a sus orígenes, intentar que en su seno se gesten con respeto y justicia nuevos proyectos y nuevas vidas, será imposible. Si los estudiantes de posgrado, especialmente los doctorandos, y para fines de esta reflexión LAS doctorandas, no somos vistas como mujeres en nuestra integridad, que abarca también nuestras decisiones vitales, de salud, reproductivas, afectivas, no será posible que la academia le haga espacio a las madres. Y las madres académicas, a quienes dedico con total admiración estas líneas, seguirán pasando las duras y las maduras para conseguir lo que se proponen en ambos casos.

¿Cuál sería la estrategia? ¿Qué es lo que se necesita? Más allá de guarderías universitarias o de licencias de maternidad, creo que se necesita (como en todos los aspectos de la vida académica) un cambio profundo. Ya lo he apuntado en torno a la re-humanización de ese espacio y de las relaciones que ahí tienen lugar. Pero también se necesita un cierto feminismo más abierto y menos dogmático, que se pregunte por la conciliación más allá de lo laboral, que incluya la maternidad autónoma, libre, respetada y justa como una bandera de la resistencia contra el patriarcado, que se tome de verdad la academia más allá de los discursos adornados. Porque solo cuando dejemos de reproducir, en las prácticas académicas, nuestro propio machismo instalado, nuestro espíritu competitivo, agresivo, excluyente, patriarcal en su forma más obsoleta, podremos pensarnos las universidades como lugares de vida. Y solo ahí, en ese momento, los profesores dejarán de pedirnos que elijamos una cosa o la otra, seremos libres de decidir nuestras maternidades solas o acompañadas en el momento en que lo creamos más conveniente, incluso si ese momento es mientras hacemos un doctorado. Y paro aquí porque mi catarsis está muy larga...

Como siempre, he aquí una recomendación de otro texto sobre el mismo tema (porque afortunadamente no soy la única que se lo está pensando): Doctorado y Maternidad ¿es factible?Una entrada del "Blog de una doctoranda" en la que algunas mujeres hemos comentado durante dos o tres años nuestras reflexiones y planes al respecto


P.D. Quiero este libro:





domingo, 21 de octubre de 2018

Por el derecho a decidir

Por el derecho a decidir



Entre junio y septiembre de este año, Argentina se movilizó alrededor del proyecto para legalizar el aborto, inicativa que finalmente el Senado rechazó. Como legado, una gran oleada de movimientos sociales, aglutinados alrededor del símbolo de los pañuelos verdes, ha atravesado Latinoamérica para manifestarse a favor del aborto legal, seguro y gratuito como un derecho fundamental que se le sigue negando a las mujeres en nuestros países. 



En Colombia, la semana pasada, una ponencia de la Corte Constitucional que pretendía limitar las semanas en las que se puede interrumpir voluntariamente el embarazo, revivió las manifestaciones y los debates a favor y en contra de la interrupción voluntaria del embarazo que, desde el 2006, está despenalizada en las siguientes circunstancias:


1) Cuando la continuación del embarazo constituye peligro para la vida o la salud de la mujer.
2) Cuando existe grave malformación del feto que hace inviable su vida.
3) Cuando el embarazo sea el resultado de acceso carnal o acto sexual sin consentimiento, abusivo o de inseminación artificial o transferencia de óvulo fecundado no consentidas, o de incesto.

Aunque el alto tribunal falló en contra de la ponencia y no se determinó un límite a las semanas en las que es posible interrumpir el embarazo, varias organizaciones de mujeres volvieron a denunciar que en el país existen demasiadas barreras para acceder a este derecho.

Foto: Revista Semana
A propósito de estas situaciones, varias personas me han preguntado por mi posición al respecto. Mi respuesta sigue siendo la misma: si yo reclamo mi derecho a decidir ser madre, reclamo también para otras mujeres el derecho a decidir no serlo, independientemente de las circunstancias que las hayan puesto en ese lugar. Porque ninguna maternidad puede ni debe ser obligada, impuesta, resignada, temida. 

Es por esto que, mientras lidio con mi duelo por la pérdida temprana de mi hijit@ deseado, también salgo a la Plaza de Bolívar y me uno al plantón de las mujeres que claman diciendo: "las mujeres deciden, la sociedad respeta, el Estado garantiza, las Iglesias no intervienen". Porque es que no son situaciones contradictorias, como parecen sugerir numerosos grupos que, en las redes sociales, enfrentan una y otra circunstancia (la pérdida gestacional y la interrupcción voluntaria del embarazo). Son dos caras de la maternidad en una sociedad que se rehusa a respetar el derecho de las mujeres a decidir sobre sus vidas.


Foto: Revista Semana
De hecho, debo confesar que después de pasar por el doloroso proceso de un aborto involuntario, mi postura es aún más clara, porque ninguna madre desea pasar por esto sin compañía, sin escucha, sin respeto, sin afecto y comprensión. No se aborta por maldad, se aborta porque se tiene la convicción de que no es viable continuar ese embarazo, por las razones que cada una decida. Es además, una decisión que compete única y exclusivamente a la mujer, porque se instala en su cuerpo y en la soberanía que se debe a sí misma. La interrupción de un embarazo (voluntaria o involuntariamente) es un proceso tan crítico, tan doloroso física y emocionalmente, tan difícil de explicar, que ninguna de nosotras quiere ni necesita acompañarlo de estigmas, de juicios, de señalamientos, de temores.

Poder decidir si se practica o no un aborto es una cuestión que, además, no debería estar signada por la religión, por la étnia, por la clase social, por el nivel educativo. Superar las dicotomías que estas condiciones nos imponen también es un camino para desnaturalizar las limitaciones que nos impiden ser más libres. Me explico: ser católica no te hace automáticamente anti-abortista (o si no vean la maravilla del movimiento Católicas por el Derecho a Decidir), como ser una profesional muy cualificada  no te impide decidir por una maternidad dedicada. Yo sí creo que cuando la sociedad deje de ocuparse de controlar nuestros cuerpos y nuestras decisiones vitales -y cuando nosotras dejemos de permitirlo-, nos hallaremos en la posibilidad de traer al mundo hijos e hijas deseados, libres, felices, pacifistas.




miércoles, 12 de septiembre de 2018

El testimonio de una familia monomarental

El testimonio de una familia monomarental


Colorful Families es una asociación dedicada a la normalización y visibilización de la diversidad familiar y han contribuido con la plataforma Coencuentros para publicar una serie de entrevistas a familias no tradicionales. En esta oportunidad les comparto la entrevista a Marta Barrio, madre en una familia familia monomarental y a su hijo Diego:


"Nuestra familia está compuesta por Diego (19 años) y yo, más el resto de familiares y amigos que conforman este ecosistema vital, lo de madre sola no es exactamente así".

"Nunca he considerado que tuviera que pedir permiso, ni disculpas a nadie por salir de la ruta preestablecida, creo que una familia monomarental es tan buena y normal como cualquier otra, estoy orgullosa de mi hijo y de nuestra familia.  Y considero que todas estas nuevas familias contribuyen activamente a crear una sociedad más tolerante, diversa y rica".



miércoles, 5 de septiembre de 2018

Luces y sombras sobre la maternidad

Luces y sombras 
sobre la maternidad

Creo que vale la pena que hablemos sobre el claroscuro de la maternidad. Al menos sobre uno de tantos. Porque ser madre es lidiar con la vida y con la muerte (sí, con la temida muerte) a diario. Desde que te lo piensas y lo decides, en adelante, buscar la maternidad, convertirse en madre y vivir aquella condición es experimentar, desde el cuerpo, desde la mente y desde el alma, el ciclo continuo vida-muerte-vida. 



Ya he mencionado en otras publicaciones cómo, por ejemplo, en la búsqueda de un embarazo cada menstruación se siente como una pérdida, una esperanza que se muere mientras otra empieza a vivir. Es muy difícil de explicarlo a quien no lo ha experimentado nunca, pero les prometo que así se siente.

También el parto o la cesárea, el nacimiento en cualquiera de sus formas, es un momento de conjunción de la vida con la muerte en todas sus dimensiones: física, psíquica y espiritual. Un nuevo hijo nace, pero también muere un embarazo y muere una mujer para que renazca otra: la madre.

Y la maternidad también trae otras muertes, otras de las que nos gusta hablar menos, porque preferiríamos que no ocurrieran: las muertes gestacionales y perinatales. Pero esas también pasan y muy a menudo. El problema es que, precisamente porque ocurren con frecuencia y porque nos aterran, las eludimos como un tema del que no quisiéramos hablar, o las naturalizamos y dejamos anulados los sentimientos de quienes las están experimentando, o preferimos pasar por ellas rapidito. 


Pero estas muertes están ahí, son parte de los caminos que millones de mujeres estamos transitando, de maneras muy distintas, hacia nuestra maternidad. El duelo por una muerte gestacional o perinatal es algo que debe ser atendido, entendido y contenido en muchos aspectos: desde el sistema médico/asistencial (incluyendo no solo a los ginecobstetras y enfermeras, sino también a las doulas, parteras, comadronas, psicólogos), hasta los familiares y amigos de la madre. Además, es importante que empecemos a darle un lugar de respeto a las muertes gestacionales en cualquier momento del embarazo, desde las más tempranas hasta las que ya rodean el nacimiento, porque ningún hijo es más o menos hijo para una madre que lo espera.

Cuando te has planteado ser madre soltera por elección, el duelo por la muerte gestacional tiene sus particularidades. En primera instancia porque se trata de embarazos muy deseados y muy buscados (no es que otros no lo sean, pero en esta situación lo son especialmente). En segundo lugar, porque al no haber una pareja, el proceso de duelo está centrado en la madre y si ella no está suficientemente contenida y respaldada por la red familiar y de amigos que la rodea, puede sentirse abrumadoramente sola. Además, experimentar un aborto espontáneo en medio de esta maternidad tan anhelada puede ser un evento traumático en muchas dimensiones, incluso, puede hacer que te replantees tus decisiones o que te paralices de miedo. La clave para superarlo, creo yo, es acompañarse, informarse y respetar el proceso, incluso si ello implica detener el vértigo del día a día, demandar a otros que respeten los tiempos y espacios, buscar ayuda profesional, entre otras opciones. Atenderse en el proceso es la única manera de darle un curso apropiado, y en este sentido nadie sabe, mejor que uno mismo, cómo hacerlo.

Hoy les recomiendo este corto animado que da cuenta de lo que significa un duelo de este tipo, cómo se siente y cómo impacta a la madre:


Y dos buenos libros sobre este tema: "La cuna vacía: El doloroso proceso de perder un embarazo" y "Las voces olvidadas: pérdidas gestacionales tempranas". Ambos materiales son útiles para mujeres, parejas y familias que están atravesando por estos procesos, pero también para su red de apoyo y para los profesionales que los acompañan. 

Hablemos de la muerte en medio de la vida y de la vida en medio de la muerte. Acompañemos, informemos, abracemos. Respetemos los duelos y sus tiempos, honremos sus memorias a pesar de ser tempranas y anónimas. No hay vida pequeña, no hay madres tempranas ni tardías: hay madres, hay hijos e hijas, hay dolor y también ilusión. Hay arco iris,  hay claroscuro.

lunes, 20 de agosto de 2018

Cuando querer no es poder: el duelo de la maternidad

Cuando querer no es poder: 

el duelo de la maternidad




Hoy me encontré un nuevo artículo que, como la mayoría de las publicaciones que comparto sobre este tema, está escrito por una española y con base en la situación de España. Es cierto que podría compartir cosas de otras latitudes, pero también creo que las españolas se han movido mucho en estas causas y que el idioma y la cultura nos ayudan a entendernos más fácil. Así que lo comparto porque creo que nos ayuda a reflexionar sobre nuestra condición de mujeres occidentales, urbanas e hispanoamericanas en búsqueda de una maternidad decidida e independiente. El artículo toca muchos temas interesantes y voy a tratar de detenerme en algunos de ellos:


"Estudiar, encontrar trabajo, conseguir independencia económica y vivir en pareja son algunas de las etapas que esperamos superar antes del ‘‘momento perfecto’’ para tener hijos. Un ideal de vida que cada vez es más difícil conseguir antes de los 30 años. Pero la biología no entiende de crisis económicas, hipotecas abusivas o circunstancias personales. A partir de los 35 años disminuyen drásticamente las posibilidades de embarazo y se plantea la disyuntiva: ser madre tardía o no llegar a serlo nunca"

¿Cuántas de nosotras nos hemos sentido como en una carrera de observación sin fin? Cuando llegamos a un objetivo ya nos toca ir por el siguiente... Y pararse en un punto para poder decir "momento, lo que yo realmente quiero es ser mamá" es difícil y requiere mucho valor, porque la sociedad no lo premia, no en estos tiempos.

"La sociedad va a juzgar a la mujer haga lo que haga", afirma Nancy Konvalinka. Por una parte, se las anima a progresar en su carrera laboral y a realizarse a través del ámbito profesional –‘‘¿cómo vas a renunciar a todo solo por ser madre?’’–. Por otra, se las critica si tienen hijos tardíamente –‘‘se te está pasando el arroz, ¿no piensas darles nietos a tus padres?’’– o no llegan a tenerlos"

Pertenecemos a una generación que es heredera de las libertades sexuales y los derechos reproductivos, pero todavía necesitamos abanderarlos y defenderlos. Hacer valer nuestra decisión de ser madres -y serlo sin un compañero al lado- es nuestra lucha, pero al mismo tiempo nos vemos envueltas en el remolino de exigencias para las mujeres de nuestra época.

"María Dolores (41 años) sabía que no podría acabar su tesis doctoral si tenía hijos. Así que decidió esperar. Cuando comenzó a intentarlo, sufrió tres abortos y pensó que ya no sería madre. Llegó el vértigo frente a la ausencia y el miedo a haber esperado demasiado. Después, a modo de respuesta, su primer hijo"

Personalmente, me siento muy identificada con esto: aplacé mi maternidad durante todo mi doctorado porque me dijeron que no podría hacer las dos cosas, y más allá de pensar si es o no verdad, lo cierto es que la academia no es comprensiva ni respetuosa con la maternidad, porque el patriarcado le ha calado bien, porque sus lógicas son masculinas y masculinizantes. Y ahora que por fin estoy cerca de terminar, viene el difícil camino de intentarlo, las pérdidas, la incertidumbre, el dolor (espero poder escribir pronto sobre esto).
"Para quienes quieren ser madres, cada menstruación es una pérdida. Así lo sintió Encarna (59 años), que sentía que había nacido para ser madre pero tardó más de 10 años en conseguirlo. Si pudiera eliminar una época de su vida, afirma, sería aquella que pasó yendo al hospital, luchando para que la vida se agarrara a su útero. Un proceso agotador que repitió durante cuatro años, debatiéndose entre la esperanza y el miedo a hacerse ilusiones. Al mes, invariablemente, aparecía la sangre y a ella se le venía el mundo encima".

Esto se une con el extracto anterior, y también estoy en deuda de hablar sobre ello en este blog, porque para quienes anhelamos tanto la maternidad,  su búsqueda está llena de desafíos. Yo también lo he sentido como Encarna: cada menstruación es una pérdida , un mes que pasa sin conseguirlo. Nadie quiere hablar de esto y todo parece exagerado. Por eso es fácil sentirse incomprendida y agobiada. Pero el truco es descubrir que no se está sola. Formar comunidad, hablarlo, acompañarse de una doula... Hay muchas alternativas para mantenerse en el camino.
Puedes ver el artículo completo en: Cuando querer no es poder: el duelo de la maternidad

domingo, 12 de agosto de 2018

Para pensar nuestra identidad Madre soltera/sola por elección

Para pensar nuestra identidad
Madre soltera/sola por elección 

Varias personas me han preguntado por el titulo del blog, sobre el adjetivo que define mi elección y que nos denomina a las mujeres que optamos por este camino. Por eso he decidido describir brevemente por qué me adhiero a unos "rótulos" y no a otros. También les compartiré  dos artículos breves de una página que me encanta y que me ha ayudado mucho en el camino de tomar la decisión y hacerla realidad.


Madre e Hija (detalle del cuadro Las Tres Edades de la Mujer)
Obra del gran Gustav Klimt.

Para empezar, quiero contarles que en español hay dos formas de nombrar a las mujeres que, sin tener una pareja, han decidido ser madres por reproducción asistida, adopción o donante conocido: madres solteras por elección  y madres solas por elección. Personalmente, me gusta más la primera que la segunda y por eso la adopto como mi identidad. La razón es muy simple: me identifico como una mujer soltera pero no como una mujer sola, y de hecho, nunca he pensado que seré una mamá "sola"; por el contrario, estoy segura de que hay toda una tribu acompañando esta maternidad. En inglés, el término empleado es single mother by choice, resumido como choicemoms. Desde mi punto de vista, lo importante en todas las formas de llamarnos, es la idea de la elección,  porque como bien dice Eva María Bernal "las mujeres hacen una elección cuando son madres y esa es la nuestra". 

Para leer más sobre esta decisión, les recomiendo dos publicaciones de Eva María Bernal en su maravillosa página www.creandounafamilia.net

Madres solas por elección en Mujeres empoderadas


Madres solteras por elección: así pueden vernos